Vida, dolor, muerte & cambio [Isaías 53]

Pastor Richard Coloma – Iglesia Bautista Central de Concepción

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Isaías 53 RV1960

Vida, dolor, muerte y cambio: ¿Tienen algo en común? En el caso de Jesús ¡sí!

No querer cambiar (para bien), es una de las manifestaciones más destructivas del pecado humano. Esto implica: No creer el mensaje cristiano (“1¿Quién ha creído a nuestro anuncio? “, v. 1), esconderse de Dios (“y como que escondimos de él el rostro”, v. 3. Adán y Eva se escondieron de Dios, después de pecar (Génesis 3:8), porque “20todo el que hace lo malo aborrece la luz y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto”, Juan 3:20), no estimarlo (“fue menospreciado, y no lo estimamos”, v.3), enfermarse espiritualmente (“4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades”, v. 4), rebelarse (“5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones”, v. 5, 8), descarriarse voluntariamente (“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino”, v. 6). Todas estas actitudes y conductas le dan al pecado una fuerza adictiva, obsesiva y constante. Por eso Cristo viene al mundo, no solo porque los seres humanos pecan, sino porque quieren pecar. Por eso El hace todo lo que hace, para romper el corazón “de piedra” que tenemos.

Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.

Ezequiel 11:10-20 RV1960

La redención ¡es una gran empresa!, mueve “montañas”, ¡mueve el cielo y tierra!, mueve personas (profetas, reyes, sacerdotes; y hombres y mujeres “de bajo perfil”, casi anónimos), inclusive, mueve al propio Padre celestial, tal como lo describe Jesús en la parábola del hijo perdido. En ella el padre (que es Dios) “corre” para abrazar a su hijo que regresa arrepentido (Lc. 15:11-32); y mueve al propio Hijo, tal como lo grafica Jesús también, en otra parábola, la de los trabajadores malvados. En esta historia, el dice: “37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo”. Pero ya sabemos el resultado. Jesús sigue diciendo: “38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: ´Este es el heredero. Matémoslo para quedarnos con su herencia´. Así que le echaron mano, lo arrojaron fuera del viñedo y lo mataron.” (Mt. 21:33-37).

Para redimir al ser humano que quiere pecar, el Señor vive (en la tierra), sufre (sufre en su grado máximo), y muere. Dios, ¿sufre? ¡Claro que sí! En Génesis 6, el escritor sagrado afirma:

Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande y que toda inclinación de su corazón tendía siempre hacia el mal, lamentó haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón.

Génesis 6:5-6 NVI

Dios se duele, y, aun más, se deja doler y se deja morir, es decir, El “no evita el dolor”.

La vida, el dolor y la muerte de Jesús, ¿son capaces de cambiar al ser humano, y al mundo?, o mejor dicho, ¿pueden cambiar al ser humano (y al mundo) que no quiere cambiar? ¡Sí pueden! Jesús es el único remedio que cura del pecado y del deseo de no querer cambiar, ¡no hay otra medicina!

El deseo de pecar, y de no querer cambiar, nos hacen peores, no mejores; pero “por su llaga fuimos nosotros curados”. ¿Cómo nos cambia Dios?:

I. Dios nos cambia con su vida

El nos enseña a vivir, a través de la vida de Cristo, su Hijo, y con ello, nos redime del “vivir en perdición”. El Señor dice:

pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

2 Pedro 3:7 RV1960

II. Dios nos cambia con su dolor

El Señor Jesús experimentó todos los tipos de dolor:

  • a. Opresión psicológica: “y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido (anah).
  • b. Tortura física: “molido por nuestros pecados” (daka).
  • c. Injusticia judicial: Por cárcel y por juicio fue quitado” (ótzer).

El dolor de Dios es más redentor que castigador. El dolor de Dios transforma, desincentiva el pecado. Si este dolor no nos sensibiliza, entonces hemos perdido la vergüenza.

 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

Efesios 4:19 RV1960

Y también hemos cauterizado (endurecido) nuestra conciencia (1 Ti. 4:2). ¡Pero en Cristo tenemos esperanza!:

¿No saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? ¡No se dejen engañar! Ni los inmorales sexuales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y eso eran algunos de ustedes. Pero ya han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.

1 Corintios 6:9-11 NVI

III. Dios nos cambia con su muerte (la muerte de Jesús)

como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores…

10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado. … por cuanto derramó (“derramar y derramarse”, lo hizo también María de Betania) su vida hasta la muerte,

  • Jesús es nuestro bendito reemplazo.
  • Dios es justo, el más justo de todos, pero también es el más misericordioso de todos.
  • El pecado tiene consecuencias: hiere al Señor, pero también lo enoja. Nos hace enemigos de Él.
  • Con la muerte de Cristo, el Señor nos perdona, nos reconcilia con Él, nos salva de nuestra propia muerte (separación eterna)

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 6:23 RV1960

¡Cambiemos!, pero, ¡deseemos cambiar! El Señor nos redime del pecado, del deseo de pecar, y del deseo de no querer cambiar. Esto es ser nuevas criaturas, el Señor lo hace posible para nosotros, los que no podemos ser otros(as) por nosotros mismos. Amén.