Pastor Richard Coloma – Iglesia Bautista Central de Concepción
El mensaje anterior hablábamos sobre las cualidades del Reino de Dios. Estas son:
IV. El reino de Dios es eterno.
“Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros ofensores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.
¿Qué es lo mas destructivo que hay en el mundo, y en nostros mismos?, ¿Satanás? ¡No!, es el pecado. El pecado destruye vidas, relaciones, instituciones, pero el Reino de Dios lo destruye a él.
1. Relación eterna: El reino de Dios no se termina con el pecado y/o fallas humanas.
Con el pecado y fallas humanas se terminan liderazgos, funciones, relaciones, contratos, trabajos, cargos, etc.
Para muchos el pecado es el fin de todo proyecto, actividad u obra; es la última palabra, el fin de las personas «buenas», el final, inclusive, de hijos e hijas fieles de Dios como Moisés y David y tantos otros que pecan (y pecamos).
¿Cuántas personas dicen y advierten a otra (pero no a ellas mismas): «a la primera falta te desvinculamos», «si me fallas, se termina toda nuestra amistad», «¡hay de ti si haces esto o aquello, porque pasarás ‹las penas mismas del infierno’»?
Vivimos en un sistema y sociedad que condiciona su beneplácito (aprobación) al cumplimiento de reglas, al «portarse bien», a la «meritocracia» de cada uno(a), porque, si la persona «se porta mal», ¡no es digna de nada bueno!
Es verdad que Dios desaprueba y juzga el pecado (lo hizo con Ananías y Zafira, Hech. 5:1-11), pero, es también verdad que «Dios perdona más de lo que castiga» (Juan Stam); Pedro (Jn. 21:15-19), Onésimo (Filemón), Juan Marcos ( Hech. 13:13; 15:36-41; 2 Timoteo 4:11), usted y yo, somos ejemplo de ello.
Si el pecado llega a la familia, al gobierno, a la empresa, al barrio, y a la iglesia, inclusive, ¿qué hacen estos, comúnmente?: «cortan cabezas», porque ¡suponen como condición natural, la perfección, no la imperfección de las personas!
Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
Romanos 3:10-12 (RVR 1960)
Suponer perfección y no imperfección, es como asumir a priori, por ejemplo, que un auto nunca fallará, y que, por lo mismo, no necesitará garantía, servicio técnico ni repuestos.
Se asume de manera obvia que las máquinas fallan y fallarán, por ello, cuando deja de funcionar la lavadora o el microondas, no se cuestiona ni penaliza su fallo, porque se entiende que es lógico que se echen a perder, por fatiga de material u otras razones.
Pero, en cambio, cuando los seres humanos (que no son máquinas) fallan, ¿se tiene la misma actitud?: ¡generalmente no! En términos patológicos, se asume que las personas se enferman, y que debido a estas «fallas» de salud, necesitan y necesitarán médicos, consultorios y hospitales. Pero, lamentablemente, en realción con lo ético, moral y espiritual, se asume anticipadamente que nunca fallan ni fallarán.
De hecho, practicamente, a ninguna persona se le dice: «amigo, amiga, esposo, esposa, padre, madre, hijo, hija, hermano, hermana, pastor o líder: tu fallas y fallarás muchas veces, pero ¡ten confianza!, porque cuando peques, cuando «yerres el blanco», cuando falles o cuando fracases, ¡todo está previsto para tu tratamiento sanador!, y gracias a esto, ¡el Reino de Dios sigue!
Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.
Gálatas 6:1-3 Nueva Traducción Viviente
¡El Reino de Dios no se termina con el pecado y/o fallas humanas! ¡El Reino de Dios es eterno!
Nuestras relaciones, trabajos, actividades, compromisos (hasta nuestras confianzas), ¿son eternas?
2. Perdón eterno: La primera medida reaccionaria del Reino de Dios no es el juicio ni la condenación.
¿Cómo reacciona el Rey del Reino de Dios cuando pecamos y/o fallamos? ¿Se indigna? ¡Sí! ¿Se entristece?
Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.
Génesis 6:5-7 Reina-Valera 1960
Sin embargo, el Padre nuestro nos presenta al mismo tiempo otra reacción y acción alternativa de Dios.
Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros ofensores.
¡El perdón es la gran alternativa contra el pecado y fallas humanas, no es el juicio ni la condenación! Dios, ¿perdona? ¡Claro que sí!, y aún más, olvida para siempre el pecado del que se arrepiente y cambia.
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.
Isaías 43:25 Reina-Valera 1960
El rey David, la mujer adúltera, la mujer samaritana, y Usted y yo, ¡somos beneficiarios del perdón de Dios y sus implicancias! Si nos arrepentimos de corazón y cambiamos, ¡ya no somos culpables! ¡Si el ser humano debe perdonar «setenta veces siete» (Mt. 18:21-22), ¡el Señor perdona más!
¿Cómo reaccionamos nosotros, los súbditos del Rey de reyes, cuando nuestro prójimo y hermano(a) peca y falla contra Dios y contra nosotros? Esto mismo le preguntó Pedro al Señor Jesús.
—Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces?
Mateo 18:21-22 Nueva Traducción Viviente
—No siete veces—respondió Jesús—, sino setenta veces siete.
Pero cuando alguien peca o falla, la sociedad, las instituciones, la familia, incluso la iglesia, habitualmente no hacen lo que Jesús enseña, sino lo que algunos «colegas santulones» suyos hicieron (y todavía hacen): practicar el juicio, la crítica y la condena.
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?
Juan 8:3-5 Reina-Valera 1960
No obstante, lo que Jesús ordena hoy es lo mismo que ayer. Para muchos ¡el perdón no es alternativa viable cuando hay pecado y falla humana! Y en los últimos tiempos es peor, porque no perdonar es una características de las personas.
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres…, sin afecto natural, implacables, … que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; …
2 Timoteo 3:1-5 Reina-Valera 1960
Si Dios perdona (de corazón), nosotros, los seres humanos, ¡debemos hacer lo mismo!
Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre perdonará a ustedes las suyas.
Mateo 6:15 Nueva Versión Internacional
Si Dios perdona, y si perdonamos nosotros también, entonces, ¡el Reino de Dios sigue! ¡El Reino de Dios es eterno! ¡No lo hagamos parecer transitorio reaccionando menos con perdón, y más con juicio y condena!
3. Victoria sobre el mal: El Reino de Dios no se termina con la actividad maligna.
“Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”
Satanás está activo (aunque está atado, Ap. 20:2) fuera, entre y dentro de nosotros («Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón», Hch. 5:3). El es poderoso y es tentador. ¿Nos tienta Satanás?: ¡Sí! ¿Cuántas veces?: ¡Muchas! ¿De qué manera?: ¡De manera diversa! Pero podemos pedir a nuestro Padre: “no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.
El maligno es fuerte («el hombre fuerte», Mr. 3:27), astuto (Gn. 5:1), perseverante (Lc. 4:13) y opositor entre otras cosas. Sin embargo, su actividad maligna ¡no detiene el Reino de Dios! ¡El Reino de Dios sigue, aún con oposición, porque los planes de Dios se cumplen siempre! ¡No demos lugar al maligno! (Ef. 4:27)! ¡Lo podemos resistir! (Stgo. 4:7) con oración y con Palabra de Dios, como lo hizo Jesús (Lc. 4:1-12).
Permanezcan despiertos y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.
Mateo 26:41 Nueva Versión Internacional
Entonces, ¿qué debemos pedir de manera prioritaria a nuestro Señor? Debemos pedir que venga a nosotros su reino (gobierno) y que se haga en esta tierra su voluntad como se hace en el cielo.
Y, ¿qué es el Reino de Dios? El Reino de Dios es la voluntad de Dios, es adorar a Dios, es servir y saciar (con pan literal, no solo, con pan espiritual); y es eterno, porque nada ni nadie, ni el pecado ni el maligno, lo pueden terminar. Pidamos, entonces, todos los días, a nuestro Dios:
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”
¡Pidamos y hagamos su voluntad! ¡Amén!