¿Qué o quién nos hace mejores? [Gálatas 3:23-29]

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Pastor Richard Coloma – Iglesia Bautista Central de Concepción

Antes de venir esta fe, la Ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara. Así que la Ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe. Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía. Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.

Gálatas 3:23-29 NVI

Dios, ¿nos quiere mejores? ¡Sí! La sociedad, ¿nos quiere mejores? ¡Sí! La familia, la educación, la iglesia, ¿nos quieren mejores? ¡Sí! En realidad, casi todo en la vida nos quiere mejores, y digo “casi todo”, porque nuestra vieja naturaleza, satanás el diablo y todos(as) quienes trabajan para el, no nos quieren mejores. Por otro lado, lo que nos quiere mejores (la sociedad, la familia, la educación y la iglesia) tiene muy buenas intenciones, pero, ¿nos hace realmente mejores (“querer es poder”, pero no siempre). En cambio el Señor, nos quiere mejores y nos hace mejores.

1. La vigilancia perpetua no nos hace mejores

La ley de Moisés “encierra”, pone límites y reglas a todos(as) los que están bajo la ley y pecan “con ley” (con conocimiento religioso):

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;

Romanos 3:19 RV1960

Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Colosenses 2:20-23 RV1960

La ley protege, pero más, sobreprotege, porque encierra a las personas con reglas, prohibiciones y límites estrictos, las leyes y las personas de este mundo hacen casi lo mismo, nunca terminan de “supervisar”. El escritor sagrado señala en el texto 23: “Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.”

Antes de que se nos abriera el camino de la fe en Cristo, estábamos vigilados por la ley. Nos mantuvo en custodia protectora, por así decirlo, hasta que fuera revelado el camino de la fe.

Gálatas 3:23 NTV

Y el Estado, la familia, la sociedad, inclusive la iglesia, ¿protegen o sobreprotegen? Y Usted y yo, los creyentes y miembros de la iglesia, ¿protegemos o sobreprotegemos? El apóstol Pedro exhorta a pastores y líderes de la iglesia:

pastoreen el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con deseo de servir, como Dios quiere.

1 Pedro 5:2 NVI

Sobreproteger no hace bien, realmente es tóxico, porque se pretende controlar y vigilar, no tanto proteger.

No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Zacarías 4:6 RV1960

El Señor Jesús, y el apóstol Pablo, fueron víctimas de una sobreprotección religiosa fanática, y “desautorizada” por Dios, el Dador de la ley. Ellos fueron apresados “y maltratados” por la supervigilancia estricta de los que se autonombraron: “guardianes de la ley”: los fariseos, saduceos, escribas y sacerdotes.

La sobreprotección, la vigilancia perpetua, el confinamiento, no tiene el poder para hacer mejores a las personas.

2. La conducción perpetua no nos hace mejores.

El escritor sagrado declara: “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo”.

La ley de Moisés es una guía a Cristo, pero ¡no es Cristo! Necesitamos guías y ayos, que nos digan lo que tenemos que hacer, pero por un tiempo solamente. El escritor sagrado afirma: “Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía.”

La ley conduce, guía y orienta, pero no es lo definitivo, ¡Cristo es lo definitivo! Pero nos sentimos bien cuando se nos conduce, cuando otros deciden por nosotros, y cuando “se nos lleva de la mano”. Esto es justificable en la niñez, pero no en la adultez espiritual, ¡debemos madurar!

En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros; sin embargo, necesitan que alguien vuelva a enseñarles los principios más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El que solo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, pues han ejercitado la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.

Hebreos 5:12-14 NVI

Tampoco debemos conducir siempre a las personas, ¡ellas deben conducirse solas!, ¡deben solucionar problemas! En una ocasión el padre de un joven enfermo le dijo a Jesús:

—Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo.
Entonces, Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquel momento. Los discípulos preguntaron a Jesús: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? —Por la poca fe que tienen —respondió. Les aseguro que si tuvieran fe tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá” y se trasladaría. Para ustedes nada sería imposible.

Mateo 17:15-20 NVI

¡Debemos crecer en Cristo! En el nombre de Cristo, nosotros podemos ser agentes de solución!

3. El “estar” perpetuo en Cristo nos hace mejores.

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

Hebreos 7:25 RV1960

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

2 Corintios 5:17 RV1960

Y en los versículos 25 al 29 de nuestro texto base, dice:

“Pero ahora que ha llegado la fe, ya no estamos sujetos al guía. Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.”

“Pero venida la fe (es decir, “venido” Cristo, par. mío) ya no estamos bajo ayo”. Cristo vino, ¡y Él es lo definitivo. La vigilancia perpetua (la sobreprotección, el encierro) y la conducción de la ley y de otros “instrumentos”, no nos hacen mejores, pero ¡Cristo sí! En El somos bautizados y El nos “viste (reviste) de nuevo”. Cristo no nos sobreprotege, de hecho, nos expone.

No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada. Porque he venido a poner en conflicto “al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familia”

Mateo 10:34-36 NVI

La ley nos conduce a Cristo, y Cristo nos conduce al objetivo de la ley: hacernos maduros y “adultos” en El. Esta madurez se demuestra, por ejemplo, en la unidad (¡aun con diferencias!) ¡y en la autovalencia! El Señor es nuestro Padre (y madre), pero “no nos hace la cama” ni “nos lava la ropa” toda la vida”. El nos dice hoy, lo mismo que a sus discípulos ayer: “Denles ustedes de comer” (Lc. 9:13), y en mi nombre: “Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los que tengan alguna enfermedad en la piel, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente” (Mt. 10:8).

¡Jesús es la voluntad y complacencia (Mt. 3:17) definitiva de Dios! ¡Estemos en El!

Entonces, ¿qué o quién nos hace mejores?: ¿La vigilancia y sobreprotección perpetua? ¿La conducción perpetua? ¡No, solo Cristo!, porque el Padre nos habla a través de El (Hebreos 1:1-2), porque El es el hijo amado de Dios: ¡oigámoslo a El! (Mt. 17:5), imitemos sus dichos y hechos, seamos Uno con El y con todos los que se revisten de El. ¿Queremos crecer y madurar? ¡Ser como Cristo es la mejor meta, es la meta definitiva! Amén.