Pastor Richard Coloma – Iglesia Bautista Central de Concepción

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!
Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Filipenses 2:5-11 NVI
¿Es imposible ser discípulos, y hacer discípulos, con amor sacrificial? No, no es imposible, pero es difícil, y, lamentablemente, poco visto. No es habitual, no es la regla (es la excepción), es más, los discípulos y los que hacen discípulos, son pocos. El mismo Jesús lo dice:
La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos;
Lucas 10:2 RV1960
De cien cristianos miembros de iglesia, diez, o menos, evangelizan y hacen discípulos. ¿Por qué pasa esto? Pasa no tenemos, justamente, la actitud y la manera de ser de Cristo. Si tenemos la manera de ser de el, podemos ser un Juan, un Pedro, una María, una Priscila, un Pablo o un Felipe. Analicemos la manera de ser de Cristo, y así, seamos y hagamos discípulos con amor sacrificial. Todo comienza con la actitud:
“La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,”
¿Cómo es la actitud de Cristo Jesús?
I. ¿A qué o a quién nos aferramos?
“Cristo Jesús, … siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.”
Lo que nos hace ser de cualquier manera, menos, como Cristo, es que nos aferramos a nuestros derechos, a nuestras garantías, a nuestras ventajas. Cristo no se aferró a su derecho de ser igual a Dios. El mismo apóstol señala en otro texto:
Lo que quiero decir, hermanos, es que nos queda poco tiempo. De aquí en adelante los que tienen esposa deben vivir como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran; los que disfrutan de las cosas de este mundo, como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer.
1 Corintios 7:29-31 NVI
Como tenemos derechos, garantías y ventajas, nos aferramos a ellos, inclusive, reclamamos cuando las personas no los respetan. Un discípulo de Dios no prioriza sus ventajas, sino que se desaferra a ellas, que prioriza perderlas, si es necesario, para favorecer el Reino de Dios. Cristo es nuestro ejemplo. ¿Qué prioriza El?
II. Cristo prioriza la falta de derechos, garantías y ventajas.
“se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo”.
En otras palabras, Cristo prioriza la vulnerabilidad (física y socioeconómica), la pobreza; el apóstol Pablo señala:
Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, quien era rico y por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos.
2 Corintios 8:9 NVI
Perdiendo, ganamos, y hacemos ganar a los otros, en el reino de Dios. ¿Aceptamos ser débiles para que el poder de Dios tome el control? Otra vez el apóstol Pablo dice:
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
2 Corintios 12:9 RV1960
Si el poder de Dios no toma el control, lo toman nuestras ventajas, derechos y garantías, es decir, nuestro propio poder. Y nuestro poder no hace discípulos, el poder de Dios, ¡sí!
Cristo prioriza la humillación:
“Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo”
Cristo prioriza la obediencia, hasta la muerte:
“y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”
Toda esta manera de ser de Cristo, hace discípulos, y discípulos “exaltados” por Dios, capacitados por Dios, ungidos por Dios:
“Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Cristo prioriza el amor sacrificial.
Nos tenemos que vaciar, para que nos llene Dios.
Seamos y hagamos discípulos con amor sacrificial, no nos aferremos a nuestros derechos, garantías y ventajas, sino, renunciemos a ellos, dejando que el poder de Dios se perfeccione en nuestra vulnerabilidad. Discipulado es desaferrarse.
Amén.