Amor redentor [Marcos 7:24-30]

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Pastor Richard Coloma – Iglesia Bautista Central de Concepción

Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.

Marcos 7:24-30 RV1960

Nuestro énfasis como iglesia en el Cuarto Trimestre: Octubre, Noviembre y Diciembre es: “Seamos y vayamos como Cristo con amor redentor”. Ser y también ir como Cristo (recordemos que Jesús dice a sus discípulos en Mateo 28:19: Id, vayan), ¿es posible? Ser y también ir como Cristo es nuestra meta máxima en la tierra (nuestra meta máxima no es llegar al cielo). ¿De qué manera somos y vamos como Cristo?: con amor redentor, y, ¿cómo es el amor redentor? El amor redentor es el amor agape (amor incondicional), por ello, es mejor que el amor eros (amor sexual), el amor philía (amor de amigos) y el amor storgue (amor familiar). ¿En qué nivel estamos, si nos comparamos con Cristo: bajo, medio o alto? Nuestra tarea cotidiana (de todos los días) es ser e ir como Cristo siempre y en todo lugar (no solo en la iglesia).

Cristo es nuestro mayor ejemplo de amor redentor. En los cuatro evangelios, principalmente, y en el relato de Marcos 7:24-30, tenemos uno de las tantos retratos de cómo es y va Cristo: con amor redentor. Pero en este relato tenemos una descripción un poco atípica de la forma de ser y de actuar de Jesús, ¿lo notamos?:

  1. Jesús llega, con sus discípulos, “a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese”.
  2. Jesús no le contesta ninguna “palabra” a la mujer que le clama por su hija enferma (23 Pero Jesús no le respondió palabra”, Mt. 15:23).
  3. Jesús da a la mujer una respuesta inesperada (¿y áspera?): : “Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”.
  4. Jesús accede a la petición de la mujer, solo después de escuchar el argumento de la mujer: “Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.”

¿Por qué Jesús da una respuesta inesperada (¿y áspera?) a la mujer sirofenicia? No vamos a analizar, ahora, lo que Jesús dice a la mujer, y por qué lo dice, pero sí analizaremos lo que la mujer dice a Jesús, y por qué lo dice. La mujer era madre de una hija que “tenía un espíritu inmundo”, esta era una situación grave

Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

Mateo 15:22 RV1960

La mujer amaba a su hija. ¿Cómo es el amor de esta madre? Es como el amor de Dios: es redentor.

Como madre que consuela a su hijo, así yo los consolaré a ustedes; en Jerusalén serán consolados».

Isaías 66:13 NVI

1. El amor redentor es apremiante.

La mujer sirofenicia actúa apremiada (constreñida, “el amor de Cristo nos constriñe”, 2 Co. 5:14), por su hija enferma. Ella “da voces” (grita, Mt. 15:23), clama, ruega.

“Apremiar” es “dar prisa, compeler a alguien a que haga algo con prontitud, oprimir, apretar” (Dicc. Rae) (Jesús tiene este amor, en todo caso, “por las ovejas perdidas de la casa de Israel”, Mt. 15:24. En Juan 1:11, el escritor sagrado lamenta que Jesús: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. El amor redentor es “sufrido” (1 Co. 13) y urgente, ¿tenemos este amor? El Señor nos manda amar con amor redentor, urgente, a “las hijas de hoy”, que sufren graves tormentos por los demonios actuales.

2. El amor redentor insiste.

La mujer, a Jesús, “le rogaba que echase fuera de su hija al demonio”, v. 26. Ella no se da por vencida, pues la sanidad de su hija estaba en juego.

El amor de la mujer sirofenicia es redentor, por eso, ella insiste, no se rinde, por eso hace lo que hace y dice lo que dice. El amor de Dios es redentor, por eso El insiste y no se rinde con el mundo (Juan 3:16). Y el amor de los cristianos, ¿es redentor? La mujer sirofenicia insiste como insiste el ciego Bartimeo, que, cuando muchos le reprendían para que callase, … él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! (Marcos 10:48). La mujer sirofenicia era como la viuda que insistía ante el juez injusto, que ya era “molesta” para el, al punto de casi agotarle la paciencia (Lc. 18:5) (Los discípulos ya estaban molestos con la mujer, por eso le dicen a Jesús: —Despídela, porque viene detrás de nosotros gritando, Mt. 15:23 NVI).

3. El amor redentor argumenta y contrargumenta, si es necesario, y razona y explica

La mujer le argumenta a Jesús: “Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.”

El amor redentor tiene algo que decir (no todo se deduce). La mujer argumenta y contrargumenta a Jesús porque ama con amor redentor a su hija enferma, y este argumento, en cierta forma, “convenció a Jesús”, ¡gloria a Dios! ¡El permite que el barro argumente y contraargumente con el Alfarero! Moisés también argumentó y contrargumentó con Dios.

Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo esta gente me seguirá menospreciando? ¿Hasta cuándo se negarán a creer en mí, a pesar de todas las maravillas que he hecho entre ellos? Voy a enviarles una plaga que los destruya, pero de ti haré un pueblo más grande y fuerte que ellos.
Moisés respondió al SEÑOR: —¡Recuerda que fuiste tú quien con tu poder sacaste de Egipto a este pueblo! Cuando los egipcios se enteren de lo ocurrido, se lo contarán a los habitantes de este país, quienes ya saben que tú, SEÑOR, estás en medio de este pueblo. De manera que, si matas a todo este pueblo, las naciones que han oído hablar de tu fama dirán: El SEÑOR no fue capaz de llevar a este pueblo a la tierra que juró darles, ¡y acabó matándolos en el desierto!
El SEÑOR respondió: —Me pides que los perdone y los perdono. Pero tan cierto como que yo, el SEÑOR, vivo y mi gloria llena toda la tierra, ninguno de los que vieron mi gloria y las maravillas que hice en Egipto y en el desierto y aún así me desobedecieron y me pusieron a prueba diez veces, verá jamás la tierra que, bajo juramento, prometí dar a sus antepasados. ¡Ninguno de los que me despreciaron la verá!

Números 14:11-19 NVI

Abraham también argumentó y contraargumentó con Dios, cuando intercedió por Sodoma y Gomorra.

¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?
Y el Señor le contestó: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad,
perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.

Génesis 18:23-24, 26 RV1960

¿Podemos argumentar y contrargumentar con Dios? ¡Sí!, pero con el debido respeto; podemos exponerle nuestros puntos de vista, podemos pedirle, inclusive, que cambie una decisión, como lo hizo el rey Ezequías (2 Reyes 20). Y más, cuando lo hacemos por el amor redentor que tenemos por una hija enferma, y por cualquier otra persona también enferma.

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento más importante que estos.

Marcos 12:30-31 NVI

El amor redentor no exige, pide por favor y ruega (al demonio sí se le exige), cuando argumenta o contraargumenta.

La mujer sirofenicia no es prepotente con Jesús, no le exige, por el contrario, le “ruega”, le pide misericordia. No todo se tiene que exigir, también se tiene que pedir (y rogar); el apóstol Pablo, más de una vez, expresa en sus cartas:

Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a estas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio.

Filipenses 4:3 RV1960

La mujer sirofenicia no le exige a Cristo, pero el amor por su hija la exige a ella, la obliga a hacer todo lo posible, y hasta lo imposible. El amor redentor de esta mujer es el amor de 1 Corintios 13.

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

1 Corintios 13:4-7 RV1960

El amor redentor es el tipo de amor que más se necesita en este mundo, para que muchos se salven.

“Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.”

Marcos 7:29-30 RV1960

¿Cómo está nuestra hija, hijo, sobrinos, padre, madre, hermano, hermana, vecino, vecina, colega, el barrio, y nuestra sociedad en general? ¿Están bien? ¿O están de igual manera atormentados por un demonio? ¡Aceptemos que muchos(as) de los nuestros (o nosotros mismos), están enfermos y atormentados por un demonio, no con posesión demoníaca, tal vez, pero sí con otras manifestaciones malignas, porque el demonio actúa con múltiples medios y estrategias (Efesios 6:12). ¿Qué se necesita, entonces?: ¡Que tengamos un amor redentor, con todas sus características salvadoras! Tengamos este amor, y si no lo tenemos, pidámoselo al Señor, así como le pedimos sabiduría si no tenemos (Stgo. 1:15). Y el Señor, verá y oirá nuestro apremio, fe, insistencia, argumento, es decir, comprobará el amor redentor que tenemos. Confiemos en El, y El hará.

Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.

Salmos 37:5 RV1960