¡Escucha el mensaje completo aquí!
Dios advirtió a Caín antes de que el pecado lo dominara, pero él permitió que el enojo, los celos y la envidia lo llevaran a matar a su hermano. La historia de Caín y Abel nos recuerda que el pecado mata y que debemos hacerlo morir en nosotros con la ayuda de Dios.
Pasaje base: Génesis 4:1-15
Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.
Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.
Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.
Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.
Génesis 4:1-15, Reina-Valera 1960
El título de este mensaje, «¡Cuidado: ¡El pecado mata! Atentamente, ¡Dios!», es un aviso necesario para tenerlo siempre visible delante de nosotros, ¡todos los días! ¿Lo creemos así?
Hay una voz que clama a Dios desde la tierra, que el hombre no escucha —o no quiere escuchar—, pero ¡Dios sí! Es la voz de la sangre del hermano asesinado por su hermano.
Es la misma voz que clama a Dios según el libro de Apocalipsis:
Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?
Apocalipsis 6:9-10, Reina-Valera 1960
De hecho, ¡Dios escucha toda voz que clama desde la tierra! Por ejemplo, esta voz también, y muchas otras:
He aquí clama el jornal de los obreros que segaron sus campos, el que fraudulentamente ha sido retenido por ustedes. Y los clamores de los que segaron han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos.
Santiago 5:4, Reina Valera Actualizada
I. Dios da hermanos
¡Sí, Dios da hermanos!, así como da abuelos, padres, hijos, nietos, vecinos, colegas, compatriotas, etc.
Un hermano es un regalo de Dios, y con él —o ella— tenemos mucho en común. De hecho, tenemos más coincidencias que diferencias. En la relación filial de Caín y Abel, Caín profundizó más las diferencias.
El vínculo fraternal es fuerte y es fuente de gracia de Dios. El Señor dice:
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
Eclesiastés 4:9-10, Reina-Valera 1960
Tener hermanos es contar con aliados en quienes apoyarse y contenerse. Dios nos los da también para regularnos y nivelarnos; para que tengamos parámetros, puntos de referencia o espejos en los que podamos ver nuestras impurezas para superarlas.
Por esto, el apóstol Pablo señala a sus hermanos corintios:
Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.
1 Corintios 11:1
Un «hermano o hermana» es una persona que tiene en común con otra u otro el mismo padre y la misma madre, según la definición de la RAE. Pero, además, es también un gran amigo, un compatriota —Lot llamó «hermanos» incluso a sus vecinos de Sodoma y Gomorra en Génesis 19:6-7— o, simplemente, otro ser humano, porque ¡si somos humanos, también somos hermanos!
En nuestro caso, los creyentes en Cristo ¡somos hermanos!, y entre nosotros «el amor de Cristo nos constriñe» (2 Corintios 5:14).
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
1 Juan 4:20, Reina-Valera 1960
Sin embargo…
II. El pecado mata al hermano
1. Abel aprueba y Caín reprueba
Aconteció después de un tiempo que Caín trajo, del fruto de la tierra, una ofrenda al SEÑOR. Abel también trajo una ofrenda de los primogénitos de sus ovejas, lo mejor de ellas. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín ni su ofrenda.
Génesis 4:3-5
Caín, como todos nosotros, seguramente ¡quiso aprobar! ¿Quién no quiere aprobar delante de Dios y de las personas? ¿Quién no quiere que Jesús le diga:
Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Mateo 25:21
Dios, sin embargo, «no miró con agrado su ofrenda». En cambio, sí «miró con agrado a Abel y su ofrenda».
¿Qué pasó aquí? Obviamente, Caín hizo mal y Abel hizo bien.
¿Quién fue el Juez? ¿Adán o Eva? ¡Ninguno! Porque si ellos fueran los jueces, seguramente no encontrarían nada malo en ninguno de sus hijos. Sin embargo, ¡Dios es el Juez!, y Él, ciertísimamente, sabe cuándo el ser humano hace bien y cuándo hace mal.
Él sabe la diferencia entre persona y persona, entre «ofrenda» y «ofrenda», entre oración y oración:
Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres.
Mateo 6:5
Y también sabe la diferencia entre obra y obra:
Cuando, pues, hagas obras de misericordia, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser honrados por los hombres.
Mateo 6:2, RVA 2015
Caín se enoja ¡porque Dios lo reprueba! Esta es una clara evidencia de la calidad de persona que él es, y ¡Dios lo sabe!
Detrás del enojo de Caín hay celos, envidia, egoísmo y frustración por no ser aprobado como lo fue su hermano Abel. Caín quiere aprobar «a toda costa», por «la fuerza», por «porfía», por «artimaña», por el solo hecho de hacer y cumplir algo para Dios.
Pero Dios «no mira lo que mira el hombre» (1 Samuel 16:7).
Entonces, delante de Dios, ¿se puede aprobar sin tener los méritos suficientes? ¡Jamás! Pero sí delante de los hombres y mujeres de este mundo.
¡Preocupémonos por aprobar! ¿Hacemos todo el tiempo lo que Dios exige? ¡Seamos honestos!
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
Miqueas 6:8, Reina-Valera 1960
¿Es lo mismo ser fiel que no serlo? ¿Es lo mismo ser buen cristiano que no serlo? ¿Es lo mismo obedecer la Palabra de Dios que no obedecerla?
A veces hoy, como Caín, se espera —o, peor aún, se exige— igual trato, igual premio, igual parte, igual recompensa, aun sabiendo que el corazón, la actitud y las obras que se hacen ¡no son las mismas de Abel!, a pesar de que se sabe y se puede hacer lo que el Señor quiere.
El Señor dice:
Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.
Santiago 4:17, Reina-Valera 1960
En la parábola de los talentos o de las diez vírgenes, el Señor aplica el mismo criterio que con Caín y Abel: Él da a todos las mismas oportunidades, pero no todos responden igual.
Por eso, así como sucedió con Caín y Abel, el trato de Dios no puede ser igual, el pago no puede ser igual, la evaluación no puede ser igual.
¡Preocupémonos por aprobar!
3. Dios intenta hacer pensar a Caín
¡Qué bueno es pensar! ¡Pensar es un gran regalo de Dios! ¡Dios invita a Caín a pensar antes de pecar!
Dios también invita a pensar a Jonás, a Job, a David, y a usted y a mí:
Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.
Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció.
¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
Jonás 4:9-11, Reina-Valera 1960
También vemos esta invitación a pensar en la experiencia de David:
Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga.
Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado.
2 Samuel 24:12-13, Reina-Valera 1960
Jesús, con sus enseñanzas y predicaciones, ¡también nos hace pensar antes de pecar!
Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Juan 8:7, Nueva Versión Internacional
4. Caín mata «no importa a quién»
«Haz el bien sin mirar a quién». Esto se debe hacer, pero Caín hace, desgraciadamente, lo contrario: él «hace el mal sin mirar a quién», pues mata a su hermano.
Caín no tiene límites ni reglas, ni ningún tipo de consideración por quien tiene a su lado: su hermano Abel.
Caín lleva el pecado al extremo; sin embargo, el pecado lo lleva al extremo a él: a la muerte «y a dar muerte».
El pecado mata al hermano. ¿Qué es «matar» al hermano? Es poner fin a un «otro», que es, en realidad, «uno mismo»; porque cuando se hace a un «otro» lo contrario, es decir, cuando se le ama, se le ama como «a uno mismo», o no es amor. Esto dice Jesús en Mateo 22:39.
Cuando se mata, se quita al «otro» de en medio y del mundo; se le elimina abruptamente su derecho humano básico a vivir y a ser feliz, y a sufrir, inclusive; bajo justificaciones judiciales, militares, personales, etc., porque este «otro» —u «otra»— se interpone y obstaculiza algún interés.
«Matar» es no dominar el pecado, sino dejarse dominar por él. En última instancia, es hacerse cómplice de Satanás. Y se mata cuando se aborrece también:
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él.
1 Juan 3:14-15, Reina Valera Actualizada
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Juan 10:10, Reina Valera Actualizada
Ustedes son de su padre el diablo, y quieren satisfacer los deseos de su padre. Él era homicida desde el principio y no se basaba en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de lo suyo propio habla porque es mentiroso y padre de mentira.
Juan 8:44, Reina Valera Actualizada
Cuando Caín mata a Abel, renuncia a las herramientas que Dios da para vivir la vida ¡y para arreglar las diferencias y disgustos de esta vida!
De hecho, no hay arrepentimiento en Caín:
Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.
Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?
Génesis 4:8-9
Caín:
- No domina; se deja dominar por el enojo, el resentimiento, los celos, la envidia; por el pecado en sí.
- Planifica, sin nada de amor, temor ni razón, la maldad (v. 8).
- Se autoevalúa sin conciencia de culpa (v. 9).
- Solo razona bien, y con conciencia, cuando se preocupa por él mismo (v. 13).
Caín mata a Abel, pero nadie mata a Caín. Esto, ¿es injusto?
Dios reprueba el pecado, pero aun con el pecador Él es justo. El pecado mata, pero Dios da y permite ¡la vida!
El pecado mata, pero Dios mata al pecado.
Quien mata, se mata a sí mismo.
Matemos, con la ayuda de nuestro Dios, el pecado, o el pecado nos puede matar a nosotros:
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
Colosenses 3:5-7, Reina-Valera 1960

![«¡Cuidado: ¡El pecado mata! Atentamente, ¡Dios!» [Génesis 4:1-15]](https://iebc.cl/wp-content/uploads/2026/07/¡Cuidado-¡El-pecado-mata-Atentamente-¡Dios-Genesis-41-15-1024x576.webp)



