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Si somos personas a quienes no siempre les salen bien las cosas, tenemos buenas noticias: no nos ocurre solo a nosotros y Dios sigue trabajando. Un revés, un error o incluso un pecado no son necesariamente el final. La resiliencia es una buena opción, y nadie la manifiesta mejor que Dios. Génesis 3 nos muestra cómo, aun frente a la caída del ser humano, el Señor continúa desarrollando su plan de redención.
Pasaje base: Génesis 3
La resiliencia puede definirse como la capacidad de adaptación frente a una situación adversa. Dios es el ser vivo más resiliente que hay. Aun cuando la creación se rebela contra Él y su diseño original parece fracasar, Dios continúa obrando con sabiduría, justicia y amor.
I. A Dios también se le opone la adversidad
Dios creó los cielos, la tierra y todas sus criaturas. Entre ellas creó al ser humano, “un poco menor que los ángeles” (Salmo 8:5), a su imagen y semejanza. Sin embargo, Adán y Eva pecaron contra Él, desconfiaron de su palabra y desobedecieron sus instrucciones.
Como consecuencia, no solo el ser humano cayó de su estado de perfección y privilegio, sino que también se vio afectado el diseño original de Dios para la creación.
“Entonces dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…’. Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.”
Génesis 1:26–27
La criatura de Dios se volvió contra su Creador. Esta realidad no es nueva; ocurre desde el principio de la historia y continuará hasta el fin.
“El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir.”
Mateo 10:21
1. La serpiente que Dios crea incita al ser humano a pecar
La serpiente cuestionó la palabra de Dios y llevó a Eva y luego a Adán a desobedecer.
“Entonces la serpiente, que era el más astuto de todos los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho, dijo a la mujer: ‘¿De veras Dios les ha dicho: No coman de ningún árbol del jardín?'”
Génesis 3:1
Esta serpiente corresponde a la “serpiente antigua” o “el dragón” descrito en Apocalipsis 12:9, es decir, Satanás. Aunque Dios la creó astuta, no la creó originalmente como un agente de Satanás.
La serpiente:
- Hace parecer que Dios miente al afirmar: “Ciertamente no morirán”.
- Tienta al ser humano para hacerlo pecar, presentando el fruto como deseable y atractivo.
2. El ser humano que Dios crea elige pecar contra Dios
La tentación terminó convirtiéndose en pecado.
“Entonces la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era atractivo a la vista y que era árbol codiciable para alcanzar sabiduría. Tomó, pues, de su fruto y comió. Y también dio a su marido que estaba con ella, y él comió.”
Génesis 3:6
El pecado hiere el corazón de Dios y afecta su diseño perfecto.
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”
Romanos 5:12
Pecar implica muerte física, emocional, psicológica y, principalmente, espiritual.
El ser humano peca tanto por la influencia de la serpiente como por decisión propia. Al hacerlo, se rebela contra Dios, manifestando incredulidad, ingratitud, idolatría y desobediencia.
La Escritura también recuerda que nuestra lucha no es solamente humana.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”
Efesios 6:12
II. Dios es la persona más resiliente que hay
¿Cuántas veces intenta Dios las cosas? Muchas.
¿Cuántas oportunidades concede? Muchas.
¿Cuántas veces comienza de nuevo? Muchas.
¿Cuántas veces perdona y vuelve a confiar en nosotros? Muchas.
Todos somos beneficiarios de esa resiliencia divina.
1. El pecado de sus criaturas no sorprende a Dios
El pecado jamás toma por sorpresa a Dios. Su omnisciencia, sabiduría y poder son infinitos.
Los enemigos de Jesús intentaron muchas veces sorprenderlo, pero nunca lo consiguieron.
“Y no pudieron sorprenderlo en ninguna palabra delante del pueblo. Más bien callaron maravillados de su respuesta.”
Lucas 20:26
Del mismo modo, la maldad de la serpiente, la desobediencia de Adán y Eva y nuestro propio pecado no sorprenden ni detienen a Dios.
Su estabilidad también fortalece nuestra propia vida. Cuando no sabemos qué hacer o necesitamos sabiduría, Dios la concede generosamente.
“Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídala a Dios —quien da a todos con liberalidad y sin reprochar— y le será dada.”
Santiago 1:5
2. Dios es resiliente; por eso inicia un plan “B”
Dios comienza de nuevo con el ser humano, pero lo hace bajo determinadas reglas y procedimientos.
a. Las consecuencias son necesarias
Dios establece límites, advertencias y consecuencias. Cuando estos son ignorados, las consecuencias son necesarias.
Después del pecado, Dios juzga a la serpiente, a la mujer y al hombre.
“Entonces el SEÑOR Dios dijo a la serpiente: ‘Porque hiciste esto, serás maldita…’.”
Génesis 3:14–19
La serpiente había dicho:
“Ciertamente no morirán.”
Pero Dios había dicho:
“El alma que pecare, esa morirá.”
Ezequiel 18:20
La realidad confirma la palabra de Dios.
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres.”
Romanos 1:18
b. Adán y Eva se pierden (usted y yo también)
Dios no desea que el ser humano se pierda.
“El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
2 Pedro 3:9
Sin embargo, el ser humano se pierde cuando desobedece.
Desde el principio Dios había advertido:
“Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
Génesis 2:16–17
Como consecuencia, Dios expulsa a Adán y Eva del huerto del Edén.
“Y lo sacó Jehová del huerto de Edén… Echó, pues, fuera al hombre…”
Génesis 3:23–24
Así como Adán y Eva se perdieron, también ocurre con la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo descritos por Jesús en Lucas 15.
c. El ser humano se pierde, pero Dios lo encuentra
Aunque Adán y Eva se pierden por causa del pecado, Dios sale a buscarlos.
Los disciplina, aplica consecuencias justas, pero también les concede una segunda oportunidad y anuncia la redención.
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón.”
Génesis 3:15
Más adelante, el relato añade un gesto profundamente significativo.
“Luego el SEÑOR Dios hizo vestidos de piel para Adán y para su mujer, y los vistió.”
Génesis 3:21
Ese acto revela el amor incondicional de Dios, su perdón, su salvación y su alegría por rescatar a quienes estaban perdidos.
Como ocurre en la parábola del hijo pródigo:
“Saquen de inmediato el mejor vestido y vístanlo… porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.”
Lucas 15:22–24
d. Cristo, el Salvador, es el plan “B” de Dios
Con Adán y Eva, Dios comienza de nuevo mediante la promesa de Cristo, el Salvador que habría de venir.
Con nosotros, Dios continúa comenzando de nuevo por medio de Cristo, el Salvador que ya vino y volverá.
Cristo es el nuevo trato de Dios con la humanidad y con toda la creación. Él es la expresión de la resiliencia de Dios, la segunda oportunidad que concede y la salvación para los pecadores.
Gracias a Cristo, usted y yo no nos perdemos para siempre.
Conclusión
Dios es resiliente. Él comienza de nuevo.
Su fortaleza, persistencia, poder y perseverancia también fortalecen nuestra vida, especialmente cuando las cosas no salen como esperamos.
Con la ayuda de Dios podemos seguir luchando contra la adversidad y contra nuestro adversario, el diablo.
Con su sanidad podemos continuar recuperándonos de la decepción, la frustración, la traición y de todas las pérdidas que experimentamos en este mundo.
A Dios también se le opone la adversidad, pero Él es la persona más resiliente que existe.
Dejémonos encontrar, salvar, ayudar y sanar por Él. Amén.





