«Jesús, para muchos, un nazareno más» [Mateo 13:53–58]

Jesús, para muchos, un nazareno más Mateo 13:53–58

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¿Por qué Jesús no hizo muchos milagros en Nazaret? A partir de Mateo 13:53–58, este mensaje muestra que el problema nunca estuvo en el poder de Dios, sino en la incredulidad de quienes lo conocían. Es un llamado a examinar nuestro corazón para no dejar que la familiaridad con Cristo nos impida reconocer su obra.

Pasaje base

Mateo 13:53–58

“Aconteció que cuando terminó Jesús estas parábolas, se fue de allí. Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene este esta sabiduría y estos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene este todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.”

Mateo 13:53–58 (RVR1960)

Cuando Jesús llega a Nazaret, vuelve a su propia tierra con el propósito de hacer lo que acostumbraba: enseñar y sanar. Sin embargo, allí ocurre algo distinto. El relato no presenta una falta de poder en Cristo, sino una respuesta de incredulidad por parte de quienes lo conocían desde niño.

Para comprender el contraste, basta recordar cómo actuaba Jesús en otros lugares.

“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias… y los sanó.”

Mateo 4:23–25 (RVR1960)

Mientras en muchos lugares Jesús enseñaba y sanaba libremente, en Nazaret sus propios vecinos se escandalizaron de Él. En lugar de reconocer al Mesías, solo veían al hijo del carpintero, al vecino de siempre, al nazareno de toda la vida.

La consecuencia fue clara: Jesús no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos.

Dios no tiene limitaciones; el problema está en nuestro corazón

La reacción de los nazarenos resulta profundamente decepcionante. ¿Cómo es posible que el Hijo de Dios encuentre tanta resistencia precisamente entre quienes más lo conocían?

La Escritura afirma que Jesús no hizo muchos milagros allí debido a la incredulidad de ellos. Esto no significa que la incredulidad pueda detener el poder de Dios. Dios sigue siendo Todopoderoso. Sin embargo, la incredulidad le desagrada profundamente.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios.”

Hebreos 11:6

Cuando el ser humano duda de Dios, tergiversa su carácter o lo hace parecer distinto de quien realmente es, se produce una ruptura en la relación con Él. No es Dios quien cambia; es el corazón humano el que se endurece.

Surge entonces una pregunta importante: si Dios todo lo puede, ¿por qué a veces parece no responder nuestras oraciones o nuestros ayunos?

La Escritura responde con claridad.

“He aquí que la mano del SEÑOR no se ha acortado para salvar, ni su oído se ha ensordecido para oír. Las iniquidades de ustedes son las que hacen separación entre ustedes y su Dios.”

Isaías 59:1–2 (RVA)

Asimismo, el Señor reprende a quienes practican un ayuno meramente externo mientras mantienen un corazón rebelde.

“¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?”

Isaías 58:6 (RVR1960)

El problema no está en la capacidad de Dios para actuar, sino en aquellas actitudes que Él jamás aprobará.

I. Dios hace todo lo que se propone, pero nunca aprobará la incredulidad

Dios es Todopoderoso. Nada limita su poder. Sin embargo, existen actitudes que Él no acepta ni aceptará jamás.

La incredulidad, el cuestionamiento constante de su carácter, la falta de respeto hacia su manera de obrar y la negativa a confiar en Él tienen consecuencias espirituales.

Cuando esas actitudes dominan el corazón, Jesús puede intentar enseñarnos y guiarnos, pero no veremos plenamente su obra en nuestra vida, nuestra familia, nuestra iglesia o nuestra ciudad.

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.”

Santiago 1:6 (RVR1960)

También leemos:

“El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Juan 3:36

Un ejemplo de las consecuencias de la incredulidad aparece en la generación que exploró la tierra prometida.

“Los hombres que Moisés envió a explorar la tierra… desacreditaron aquella tierra… murieron delante del SEÑOR… Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida.”

Números 14:36–38 (RVA)

La incredulidad nunca produce bendición.

II. La actitud del corazón suele determinar el actuar de Dios

En términos generales, la condición del corazón humano influye en la manera en que Dios obra. Aunque existen excepciones, la Biblia muestra repetidamente que Dios mira primero el corazón.

Dios mira el corazón antes de actuar

La apariencia externa jamás engaña a Dios.

“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el SEÑOR mira el corazón.”

1 Samuel 16:7

Jesús mismo enseñó que del corazón proceden los pensamientos, las palabras y las acciones.

“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios y las blasfemias.”

Mateo 15:19

En Nazaret, Jesús conocía perfectamente el corazón de quienes lo rodeaban. Aunque ellos lo conocían desde pequeño, no fueron capaces de reconocer quién era realmente. Esa incredulidad hizo que no vieran el obrar poderoso de Dios entre ellos.

La familiaridad puede convertirse en una piedra de tropiezo

Con frecuencia, el ser humano valora más aquello que conoce menos y desprecia aquello que le resulta cotidiano.

Los habitantes de Nazaret solo veían al hijo del carpintero. Conocían a su madre, a sus hermanos y a sus hermanas. Esa cercanía terminó siendo un obstáculo para creer.

El mismo fenómeno puede repetirse hoy. Muchas personas valoran más aquello que viene de lejos o que parece extraordinario, mientras menosprecian la obra de Dios entre quienes conocen de cerca.

Sin embargo, el problema no está en Dios, sino en un corazón incapaz de discernir espiritualmente.

“El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

1 Corintios 2:14

Por eso los habitantes de Nazaret preguntaban una y otra vez:

“¿De dónde tiene este esta sabiduría y estos milagros?… ¿No es este el hijo del carpintero?… ¿De dónde, pues, tiene este todas estas cosas?”

Mateo 13:54–56

Su conocimiento humano de Jesús terminó impidiéndoles reconocer su verdadera identidad.

Un llamado a examinar nuestro corazón

Que esta misma incredulidad no encuentre lugar en nosotros.

Dios sigue siendo Todopoderoso y continúa haciendo todo lo que se propone. Sin embargo, jamás aprobará la incredulidad, la falta de respeto hacia su persona o el menosprecio de su manera de obrar.

La actitud del corazón influye profundamente en nuestra relación con Él.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”

Proverbios 4:23

Que el conocimiento cotidiano de las personas y de las circunstancias nunca nos impida discernir la obra espiritual y sobrenatural de Dios.

Que Jesús no solamente intente enseñarnos y sanarnos, sino que pueda hacerlo plenamente en nuestra vida.

Porque ni Jesús, ni usted, ni yo, somos simplemente uno más.

Amén.