«El blanco equivocado» [Mateo 5:43-45]

El blanco equivocado Mateo 5:43-45

Cuando sufrimos una ofensa, es fácil convertir a las personas en nuestros enemigos. Sin embargo, la Biblia revela que la verdadera lucha ocurre en el ámbito espiritual. Este mensaje nos invita a identificar correctamente al enemigo, reconocer sus estrategias y permanecer en Cristo para vivir en comunión con Dios, con la iglesia y con la misión que Él nos ha encomendado.

Pasaje base

“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.”
Mateo 5:43–45

La palabra enemigo describe a alguien hostil, adversario o alguien que se opone a nosotros. Todos, en algún momento, hemos experimentado sentimientos de rechazo o enemistad hacia otra persona. Sin embargo, Jesús nos invita a mirar más allá de lo evidente.

Es fácil equivocarse de enemigo

Cuando alguien nos hiere —o hiere a alguien que amamos— nuestra reacción natural es convertir a esa persona en el “villano” de nuestra historia.

Puede tratarse de:

  • Un jefe injusto.
  • Un familiar que nos decepciona.
  • Un hermano que nos ofende.
  • Un político que nos indigna.
  • Un vecino que nos molesta.

Sin embargo, Jesús enseña algo radical:

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”
Mateo 5:44

¿Por qué Jesús pide algo tan difícil?

Porque detrás de lo que vemos existe una batalla espiritual mucho más profunda. Esto no significa que las personas no sean responsables de sus acciones, sino que el verdadero enemigo no es la persona.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”

Efesios 6:12

No ignoremos las estrategias del enemigo

El apóstol Pablo advierte que el enemigo busca obtener ventaja sobre nosotros.

“Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.”
2 Corintios 2:10–11

Una de esas ventajas surge cuando nos negamos a perdonar.

Separarnos de Dios

Desde el principio, la estrategia del enemigo ha sido la misma:

  • Hacer que dudemos de Dios.
  • Llevarnos a desobedecerle.
  • Vivir independientemente de Él.

No siempre se trata de pecados escandalosos. Muchas veces consiste en dejar de hacer aquello que Dios espera de nosotros.

“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”
Santiago 4:17

Esto puede expresarse en dejar de perdonar, servir, obedecer o amar.

Separarnos unos de otros

La iglesia ha sido llamada a preservar la unidad.

“Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”
Efesios 4:3

Sin embargo, el enemigo busca introducir:

  • Ofensas.
  • Resentimientos.
  • Chismes.
  • Sospechas.
  • Falsas doctrinas.

Muchas divisiones comienzan con cosas aparentemente pequeñas: una conversación, una sospecha, una ofensa o el deseo de tener siempre la razón.

Una iglesia dividida pierde fuerza para cumplir la obra de Dios.

Separarnos de nuestro propósito

El enemigo no necesita que pequemos gravemente para debilitarnos. Muchas veces le basta con distraernos hasta que olvidemos para qué existimos.

Jesús definió claramente su misión.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”
Lucas 4:18–19

Y la iglesia comparte ese propósito.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”
1 Pedro 2:9

Nuestra misión es:

  • Reflejar a Cristo.
  • Hacer discípulos.
  • Alcanzar a los perdidos.

Es posible estar muy ocupados y, aun así, haber olvidado la misión.

La victoria está en permanecer en Cristo

La victoria del creyente nunca ha dependido de mirar menos al enemigo, sino de mirar más a Cristo.

Cristo nos reconcilia con Dios

Cuando el enemigo busca separarnos de Dios, nuestra respuesta debe ser volver a Cristo.

“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión… Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Hebreos 4:14–16

Nos acercamos a Dios no porque seamos dignos, sino porque Cristo abrió el camino. No existe nadie demasiado sucio como para no poder acercarse y ser limpiado por Él.

Cristo nos hace un solo cuerpo

Cuando el enemigo busca dividirnos, Cristo nos llama a la reconciliación.

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.”
Efesios 4:26–27

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”
Romanos 12:18

La reconciliación vale más que el deseo de demostrar que tenemos razón.

Cristo nos devuelve a la misión

Cuando el enemigo intenta distraernos, debemos volver a mirar el propósito que Jesús nos dio.

El ejemplo de Marta recuerda que no toda actividad equivale a obediencia.

“Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”
Lucas 10:38–42

Del mismo modo, Jesús envía a su iglesia con autoridad.

“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…”
Mateo 28:18–20

¿Qué debemos hacer para vencer?

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”
Hebreos 12:1–2

La exhortación es clara:

  • Despojarnos del peso y del pecado.
  • Correr con paciencia.
  • Mantener los ojos puestos en Jesús.

Mirar a Jesús implica recordar:

Cuando el enemigo me acusa, miro la cruz

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…”
Romanos 8:1

Cuando el enemigo me quiere aislar, miro el cuerpo de Cristo

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos…”
Hebreos 10:24–25

Cuando el enemigo me quiere distraer, miro la misión

“Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.”
Juan 20:21

Jesús fue enviado para buscar y salvar a los perdidos.

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Lucas 19:10

El deseo de Cristo para su iglesia

Jesús mismo oró por tres aspectos fundamentales de nuestra vida.

Nuestra santidad

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
Juan 17:15

Nuestra unidad

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”
Juan 17:22

Nuestra misión

“Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste…”
Juan 17:23

Permanecer en Aquel que ya venció

Toda la obra de Satanás consiste en deshacer aquello que Cristo vino a realizar.

  • Cristo reconcilia; Satanás separa.
  • Cristo une; Satanás divide.
  • Cristo envía; Satanás distrae.

Nuestra victoria consiste en permanecer en Aquel que ya venció.