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En Génesis 26 se repite con fuerza una idea decisiva: Isaac no está solo en la historia. Lleva consigo un padre, Abraham; una promesa; y también un modelo de vida que viene de antes. En este pasaje, la palabra “padre” aparece varias veces, y eso nos recuerda algo fundamental: el Padre por excelencia es Dios, y de Él nacen la paternidad y la maternidad.
¿Se parecen los hijos a sus padres? Claro que sí. A veces por genética, a veces por imitación, y muchas veces por la huella que deja la historia familiar. Por eso, aunque algunos hijos desean no reproducir modelos heredados que han sido dañinos, siempre existe alguna forma de continuidad entre generaciones. Veamos, entonces, la experiencia de Isaac.
I. El Señor da a Isaac un padre (Abraham), pero también, un modelo de padre
“Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. […]
por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.”Génesis 26:3-5
“Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.”
Génesis 26:24
1. Abraham fue un buen modelo, aunque no perfecto
El padre de Isaac es bueno, aunque no impecable. Dios mismo lo reconoce: Abraham oyó su voz y guardó su precepto. Hay algo valioso en esto: la herencia espiritual no se basa en la perfección humana, sino en una vida que buscó obedecer al Señor.
2. Dios no empieza siempre desde cero
El pacto con Isaac no aparece aislado. Es la continuación de lo que Dios había comenzado con Abraham. Dios trabaja con los padres, luego con los hijos, y continúa con los nietos y con las demás generaciones. Su obra tiene continuidad, y esa continuidad es parte de su fidelidad.
3. Dios nos vincula con otros por sangre y por promesa
El Señor vincula a Isaac con Abraham. Y Dios siempre nos vincula con alguien: eso es inevitable. Pero no nos vincula solamente por una misma sangre, sino también por una misma promesa. Aunque cambien algunos detalles, Dios no cambia su esencia. Él es el mismo Dios de siempre.
Lo que comienza con uno, Dios lo continúa con otro. El padre puede equivocarse, el hijo también; pero el Señor no se equivoca.
4. La obediencia sigue siendo clave
Dios trabaja con mayor complacencia cuando sus hijos aciertan, cuando hacen bien las cosas y no se apartan de sus caminos. La obediencia sigue siendo central en la relación con Él. Por eso, la historia de Isaac no solo habla de herencia, sino también de fidelidad.
II. Isaac no tiene complejos con el pasado (o parte del pasado)
Abraham representaba para Isaac su pasado, pero Isaac no vive atrapado por ese pasado ni por el modelo que heredó. Tal vez no sea fácil encontrar esta actitud en la vida diaria, pero en el caso de Isaac sí aparece con claridad.
“Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.”
Génesis 26:7
1. Isaac se vincula con Abraham en las virtudes, pero también en los defectos
Cuando Isaac dice que Rebeca es su hermana, repite algo que Abraham ya había hecho antes. Eso no justifica la acción, pero sí muestra una realidad humana: por más que alguien intente ser diferente, la vida presiona, y a veces no salimos de la mejor manera.
No seamos jueces de los padres. El mundo sigue siendo el mundo, y persisten las mismas dificultades, los mismos miedos, los mismos anhelos y los mismos pecados.
Con todo, Isaac se parece más a Abraham en lo bueno que en lo malo. Hace suyo el plan que Dios comenzó con su padre y encarna las cualidades de un hombre de paz: construye pozos.
2. Los filisteos cierran los pozos de Abraham, pero Isaac los reabre
“Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra. […]
Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado.”Génesis 26:15, 18
Con esta acción, Isaac honra a su padre, y lo honra incluso después de su muerte. También testifica que lo que su padre hizo antes estuvo bien hecho. Abrir pozos siempre está bien.
3. Isaac abre pozos nuevos, y también enfrenta oposición
“Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas, los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra. […]
Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra.”Génesis 26:19-22
Los filisteos de la vida no hacen diferencia entre padre e hijo: atacan a ambos por igual. Lo que hacen con unos, lo hacen también con los otros. Si el hijo tiene filisteos, el padre igualmente los tuvo.
En la historia bíblica también vemos que las heridas y los conflictos no siempre se resuelven solos. David, antes de morir, le dejó a Salomón encargos concretos de justicia y de memoria. No se trata de venganza, pero sí de reconocer que los hijos, a veces, no pesan como deben aquello que a sus padres les pesó profundamente.
“Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. […]”
1 Reyes 2:2
4. Isaac no borra la historia anterior
Isaac reabre pozos antiguos y les pone el mismo nombre que su padre les había puesto. Eso significa que los nombres no estaban mal, que no eran anticuados ni estaban fuera de foco. Para Isaac, no eran pozos viejos ni en desuso.
Él no comienza una nueva historia borrando la anterior. Ese es uno de los grandes errores de muchos: pretenden presentarse como únicos, totalmente nuevos y originales. Pero nadie es totalmente nuevo y original. Isaac no tiene complejos con lo antiguo. Revive lo bueno hecho antes por Abraham.
5. Isaac reconoce y valora su vínculo con Abraham
Isaac no pretende ser “solo”, sin raíces y sin pasado. Mira hacia adelante, pero mirando hacia atrás. Y lo hace sin retroceder, sino con gratitud y respeto por la herencia recibida.
III. El mejor trabajo es preocuparse y ocuparse de las necesidades humanas básicas, vv. 19-22
La vida de Isaac también enseña algo muy práctico: hay que ocuparse de lo esencial. Y lo esencial comienza por una relación personal con Dios.
“Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.
Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.”Génesis 26:24-25
1. La necesidad más básica es encontrarse con Dios
Isaac lo sabe, como también lo supo Abraham. Y lo sabemos nosotros también. La necesidad más profunda del ser humano es tener una relación personal con Dios: adoración, obediencia y fe.
Por esa razón, el Señor se encuentra con Abraham, con Isaac y después con Jacob. Y también se encuentra con nosotros por la misma razón: es una necesidad básica encontrarnos con Dios.
2. Isaac se ocupa de lo elemental: el agua
Después de su relación con Dios, Isaac no malgasta tiempo, dinero ni fuerzas en cosas secundarias. Se ocupa de una necesidad básica: el agua. El hijo de Abraham es práctico. Mientras los filisteos ciegan los pozos que su padre abrió, él los reabre y también abre pozos nuevos.
3. No siempre se puede tener todo, pero sí lo necesario
Generalmente, en la vida, uno consigue satisfacer solo las necesidades básicas. Si así ocurre, demos gracias al Señor igual. Tal vez no tengamos todo lo que deseamos, pero sí podemos tener todo lo que necesitamos.
4. Isaac es fructífero
Dios ordena desde el principio que su pueblo sea fructífero:
“Y los bendijo con estas palabras: ‘¡Sean fructíferos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares! ¡Que las aves se multipliquen sobre la tierra!’”
Génesis 1:22
Ser fructífero es producir fruto, dar resultado, ser provechoso. Isaac da fruto. Y Jesús advierte que hay vidas en las que la palabra se vuelve infructuosa por el afán y por el engaño de las riquezas:
“El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”
Mateo 13:22
Isaac no fue infructuoso. Y nosotros, ¿lo somos?
El mensaje puede resumirse así:
- El Señor da a Isaac un padre, pero también un modelo de padre.
- Isaac no tiene complejos con el pasado.
- El mejor trabajo es preocuparse y ocuparse de las necesidades humanas básicas.
- Esto es ser padre, pero también hijo.
Demos gracias a Dios por los padres.
“Parecerse a alguien no es tan malo.” Amén.





