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Un recorrido por las quejas registradas en Números 11 y 12 que nos ayuda a examinar el corazón, discernir cuándo una reclamación es legítima y reemplazar la murmuración por fe, gratitud y confianza en Dios.
Pasaje base:
Números 11–12
La queja puede manifestarse como resentimiento, descontento, protesta o murmuración. Algunas quejas son legítimas y otras no. Dios conoce perfectamente la diferencia. En definitiva, la queja nace del corazón y revela cómo estamos interpretando nuestra realidad y nuestra relación con el Señor.
En Números 11 y 12 encontramos cuatro quejas distintas: la del pueblo ante Dios, la del pueblo que deseó volver a los sabores de Egipto, la de María y Aarón contra Moisés, y la de Moisés delante del Señor. De ellas, algunas provocaron la ira de Dios y otras fueron escuchadas con misericordia.
La pregunta que surge es: ¿cómo distinguir una queja legítima de una murmuración pecaminosa?
¿Es realmente un problema aquello que motiva nuestra queja?
El pueblo de Israel consideró que el maná era un problema. Sin embargo, para Dios no lo era.
El maná era alimento provisto por Dios, suficiente para sostener a su pueblo durante el desierto. Además, era una provisión temporal mientras avanzaban hacia la tierra prometida.
“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”
Deuteronomio 8:3
Lo que Israel veía como una molestia era, en realidad, un milagro diario. El problema no estaba en el maná, sino en la perspectiva del pueblo.
Con frecuencia podemos caer en el mismo error: concentrarnos en aquello que nos incomoda y olvidar la gracia que Dios ya nos está concediendo.
¿Tiene fundamento la reclamación que estamos haciendo?
No toda incomodidad justifica una queja.
Israel anheló la carne, los pescados y las verduras de Egipto, pero olvidó que aquellas comidas estaban asociadas a una vida de esclavitud. Prefirieron recordar los beneficios secundarios del pasado antes que valorar la libertad que Dios les había dado.
“Aconteció que el pueblo se quejó amargamente a oídos del SEÑOR. Lo oyó el SEÑOR, y se encendió su furor.”
Números 11:1
También María y Aarón murmuraron contra Moisés sin una razón legítima. En ambos casos, Dios manifestó su desagrado.
La queja sin fundamento revela una incapacidad para valorar el bien mayor que Dios ya ha otorgado. Israel se lamentaba por no tener carne, pero olvidaba que había sido liberado de cuatrocientos años de esclavitud.
Antes de reclamar, conviene preguntarnos: ¿estamos viendo toda la obra de Dios o solamente aquello que hoy nos incomoda?
¿Tenemos autoridad moral para levantar una queja?
La Escritura presenta un marcado contraste entre quienes murmuraban y Moisés.
Acerca del pueblo, algunas versiones describen a los instigadores de la queja como un populacho dominado por sus deseos. En cambio, acerca de Moisés se afirma:
“Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.”
Números 12:3
Y el Señor mismo declaró:
“No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras.”
Números 12:7-8
La vida de Moisés estaba marcada por la fidelidad, el servicio y el compromiso con el pueblo. Su queja no nació de la rebeldía ni de la comodidad, sino del peso real de una carga que estaba llevando.
Por eso Dios escuchó su clamor y respondió favorablemente.
La Escritura nos invita a examinarnos. Muchas veces ocurre que:
- El que no trabaja se queja del que trabaja.
- El que no contribuye se queja del que contribuye.
- El que no participa se queja del que participa.
- El egoísta se queja del generoso.
La integridad no vuelve infalible a una persona, pero sí le otorga credibilidad cuando habla.
Cuando murmuramos contra las personas, ¿contra quién nos estamos quejando realmente?
Aunque el pueblo dirigía sus reclamos contra Moisés y Aarón, en realidad estaba cuestionando a Dios.
Moisés mismo lo recordó al pueblo:
“Pues, ¿qué somos nosotros para que murmuren contra nosotros?”
Éxodo 16:7
La murmuración no es un asunto meramente horizontal. Detrás de muchas quejas injustificadas existe una inconformidad con la providencia y la dirección de Dios.
El principio también aparece en el Nuevo Testamento. Lo que hacemos a otros, finalmente lo hacemos delante del Señor.
“De cierto les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron.”
Mateo 25:40
Por eso debemos tener cuidado con nuestras palabras y actitudes. La queja puede comenzar contra una persona, pero terminar convirtiéndose en una protesta contra Dios mismo.
¿Estamos identificando correctamente al verdadero enemigo?
Israel añoró algunos aspectos de Egipto, olvidando que Egipto representaba esclavitud y opresión.
La pregunta es evidente: si los egipcios eran sus opresores, ¿por qué deseaban volver atrás?
Con frecuencia podemos cometer el mismo error. Confundimos a quienes están a nuestro lado con nuestros enemigos reales. La iglesia no es el enemigo. Los hermanos en Cristo no son el enemigo. Los siervos del Señor no son el enemigo.
Jesús dijo:
“El que no es contra nosotros, por nosotros es.”
Marcos 9:40
Un error, una debilidad, una limitación o incluso una diferencia de opinión no convierten automáticamente a una persona en un adversario.
La murmuración suele distorsionar nuestra percepción y hacernos luchar contra quienes no deberían ser nuestro blanco.
Lo que puede esconderse detrás de una queja constante
La queja injustificada suele ser solamente la manifestación visible de problemas más profundos del corazón.
Puede revelar:
Una raíz de amargura
“Miren bien que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brote y cause estorbo, y que por ella muchos sean contaminados.”
Hebreos 12:15
Poca fe
Cuando la confianza en Dios disminuye, la queja suele ocupar su lugar.
“¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”
Mateo 14:31
Poca oración
La ansiedad y la protesta aumentan cuando dejamos de llevar nuestras necesidades al Señor.
“Por nada estén afanosos, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios, con toda oración y ruego.”
Filipenses 4:6
Poca alabanza y adoración
El Salmo 37 nos llama a confiar, deleitarnos en el Señor, encomendarle nuestro camino y esperar pacientemente en Él.
“Confía en el SEÑOR y haz el bien.”
Salmo 37:3
“Deléitate en el SEÑOR y él te concederá los anhelos de tu corazón.”
Salmo 37:4
“Calla delante del SEÑOR y espera en él.”
Salmo 37:7
Cuando el corazón pierde la capacidad de agradecer y adorar, la murmuración encuentra terreno fértil para crecer.
Menos queja y más gratitud: un camino posible
La respuesta bíblica frente a la murmuración no consiste simplemente en callar, sino en cultivar una vida llena de fe, gratitud, respeto, empatía y compromiso.
Dios conoce nuestras necesidades incluso antes de que las presentemos delante de Él.
“Porque su Padre sabe de qué cosas tienen necesidad antes que ustedes le pidan.”
Mateo 6:8
Por eso la invitación final de la Escritura es clara:
“Hagan todo sin murmuraciones y contiendas, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación torcida y perversa, en la cual ustedes resplandecen como luminares en el mundo.”
Filipenses 2:14-15
“Soportándose los unos a los otros y perdonándose los unos a los otros, cuando alguien tenga queja del otro. De la manera que el Señor los perdonó, así también háganlo ustedes.”
Colosenses 3:13
La murmuración nace de un corazón insatisfecho. La gratitud, en cambio, nace de reconocer la bondad de Dios aun en medio de las dificultades.
Menos queja, sí es posible. Por la gracia de Dios, podemos aprender a confiar más, agradecer más y vivir de una manera que honre al Señor. Amén.



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