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Jesús sana, restaura y hace el bien constantemente, pero su obra más grande es salvar y transformar al ser humano. En este mensaje basado en Juan 5, somos llamados a arrepentirnos y permitir que Dios haga su obra en nosotros.
Pasaje base:
Juan 5:1-18
En el estanque de Betesda, Jesús sana a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Sin embargo, el milagro no produjo alegría en todos. Algunos se enfocaron más en las reglas religiosas que en la restauración de una vida.
A partir de este relato, surge una pregunta profunda: ¿Cuál es el mayor trabajo de Dios? ¿Crear el mundo? ¿Salvar al mundo? ¿Transformar al mundo?
Las palabras de Jesús nos ayudan a responder:
“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.”
Juan 5:17
Jesús hace el bien, y eso es un gran trabajo
En Betesda, Jesús se acerca a un hombre paralítico y le dice:
“Levántate, toma tu lecho, y anda.”
Juan 5:8
Y el milagro ocurre de inmediato:
“Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo.”
Juan 5:9
Hacer el bien nunca ha sido algo pequeño. Jesús dedicó su vida a sanar, restaurar y liberar a las personas. Esa fue parte central de su misión.
“El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos.”
Lucas 4:18-19
Pedro también resumió el ministerio de Jesús de esta manera:
“Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”
Hechos 10:38
Jesús hace el bien porque Dios hace el bien. Desde la creación, el Señor se ha complacido en aquello que es bueno.
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.”
Génesis 1:31
Como hijos e hijas de Dios, también somos llamados a vivir haciendo el bien.
“No se olviden de hacer el bien y de compartir lo que tienen porque tales sacrificios agradan a Dios.”
Hebreos 13:16
La vida cristiana no puede ser ociosa ni estéril. El Señor nos llama a crecer en virtud, amor y servicio.
“Porque cuando estas cosas están en ustedes y abundan, no los dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.”
2 Pedro 1:8
Hacer el bien puede cansar, exigir y desgastar. Sin embargo, sigue siendo la obra que agrada a Dios.
Jesús hace el bien en medio de malas condiciones
El problema en Juan 5 no fue el milagro. El problema, para muchos, fue que ocurrió en día de reposo.
“Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho.”
Juan 5:10
Más adelante, el rechazo aumentó:
“Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.”
Juan 5:16
Jesús estaba restaurando una vida, pero muchos solo veían una supuesta infracción religiosa. El bienestar de un hombre enfermo quedó en segundo plano frente a reglas humanas endurecidas.
Esto revela una realidad dolorosa: muchas veces el bien es interpretado como mal.
Ocurrió también con el endemoniado gadareno. Después de ser liberado, las personas le pidieron a Jesús que se fuera.
“Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos.”
Marcos 5:17
Incluso hubo quienes atribuyeron las obras de Jesús al poder del enemigo.
“Pero algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.”
Lucas 11:15
Hacer el bien en un mundo caído nunca ha sido fácil. Jesús trabajó constantemente en medio de oposición, dureza de corazón e incomprensión.
Y esa misma realidad sigue presente hoy. Muchas veces el mal convence más rápido que el bien. El pecado endurece al ser humano y dificulta la obra transformadora de Dios.
Por eso, salvar y transformar al mundo requiere un trabajo profundo y constante.
Salvar y transformar al ser humano es el mayor trabajo de Dios
Jesús declaró:
“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.”
Juan 5:17
Dios sigue trabajando hoy. Y su obra principal no es solamente sanar cuerpos o resolver circunstancias temporales. Su mayor trabajo es salvar y transformar vidas.
Transformar el corazón humano es una obra difícil porque el ser humano muchas veces se resiste a Dios. El orgullo, el pecado, la amargura y la dureza del corazón levantan barreras contra la obra del Señor.
Aun así, Dios continúa obrando por medio de su Espíritu y de su iglesia.
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”
Efesios 4:11-12
¿Hasta cuándo trabajará Dios en nosotros?
“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”
Efesios 4:13
El Señor quiere salvarnos, transformarnos y perfeccionarnos. Pero muchas veces le damos más trabajo al insistir en permanecer en aquello que destruye la vida espiritual.
“Quítense de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”
Efesios 4:31
Nuestro concepto de “bien” no siempre coincide con el bien de Dios. Por eso necesitamos arrepentimiento genuino y una disposición real a ser transformados por Él.
Arrepiéntanse y vuelvan al Señor mientras hay oportunidad
Cuando Pedro predicó en Pentecostés, las personas preguntaron qué debían hacer.
“Entonces, cuando oyeron esto, se afligieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles:
—Hermanos, ¿qué haremos?”
Hechos 2:37
La respuesta fue clara:
“Arrepiéntanse y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo.”
Hechos 2:38
Muchos ya hemos sido bautizados y conocemos el evangelio. Pero el llamado sigue siendo actual: arrepentirnos, cambiar de mente y volver sinceramente al Señor.
“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia.”
Isaías 55:6-7
El mayor trabajo de Dios sigue siendo salvar y transformar al ser humano. Y la pregunta final permanece abierta para cada uno de nosotros:
¿Nos dejaremos salvar y transformar por Él?





