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En un mundo marcado por la prisa, la tecnología y la constante actividad, la Palabra de Dios nos invita a detenernos y discernir lo verdaderamente importante. Este mensaje nos llama a vivir con pureza, entendimiento espiritual y amor, sin perder de vista lo esencial mientras esperamos el regreso de Cristo.
Pasaje base:
Daniel 12:4, 10
“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”
Daniel 12:4
“Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.”
Daniel 12:10
El tiempo del fin se acerca, es decir, el regreso de nuestro Señor Jesucristo. Frente a esta realidad, surge una pregunta urgente: ¿cómo estamos viviendo mientras esperamos?
La Escritura nos muestra dos maneras de vivir.
Corriendo sin detenerse mientras la ciencia aumenta
“Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”
Daniel 12:4
Vivimos en un tiempo donde la actividad es constante. Las personas “corren de aquí para allá”, ocupadas, productivas, conectadas. La ciencia y la tecnología avanzan rápidamente y facilitan la vida.
La actividad, en sí misma, no es mala. Dios mismo estableció el trabajo desde el principio:
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.”
Génesis 2:15
Trabajar, hacer cosas y ser diligentes es parte del diseño de Dios. Incluso, la actividad puede ser un refugio en ciertos momentos.
Sin embargo, el peligro aparece cuando la vida se vuelve una carrera constante. Cuando la ocupación, la hiperactividad o la tecnología comienzan a desplazar lo verdaderamente importante.
Jesús advirtió sobre esto:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe.”
Mateo 23:23
Es posible hacer muchas cosas “correctas” y aun así descuidar lo esencial.
Ser limpios, entender y vivir conforme a la voluntad de Dios
“Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados… pero los entendidos comprenderán.”
Daniel 12:10
Aquí encontramos lo esencial.
En medio de un mundo marcado por la maldad, el llamado de Dios es claro: vivir en pureza y buscar entendimiento espiritual.
“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.”
Apocalipsis 22:11
Aunque el mundo continúe en su curso, los hijos de Dios están llamados a vivir de manera diferente: practicando la justicia, creciendo en santidad y apartándose del mal.
Además, no solo se trata de vivir correctamente, sino también de entender los tiempos y la voluntad de Dios:
“De los hijos de Isacar… entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer…”
1 Crónicas 12:32
Podemos estar ocupados, trabajar con esfuerzo o incluso atravesar dificultades, pero lo más importante sigue siendo lo mismo: vivir en pureza y comprender lo que Dios quiere.
Esto se resume en el mandamiento central de la vida cristiana:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… y a tu prójimo como a ti mismo.”
Mateo 22:37-39
Ese amor se expresa en decisiones concretas:
La sencillez
“Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto…”
1 Timoteo 6:8-10
Una vida sencilla nos protege de la codicia y nos mantiene enfocados en Dios.
El reposo
“Seis días trabajarás… mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios…”
Éxodo 20:9-10
Dios nos llama no solo a trabajar, sino también a descansar en Él.
El tiempo con Dios y con otros
“No dejemos de congregarnos… exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
Hebreos 10:25
La comunión con Dios y con la iglesia es esencial, especialmente al ver que el día del Señor se acerca.
En medio de una vida acelerada, de avances tecnológicos y múltiples responsabilidades, el llamado permanece firme.
No perdamos lo esencial.





